LO MALO DE LA ROSCA, ES NO ESTAR EN ELLA

 


Que si el esfuerzo, que si los méritos, que si los logros… de nada sirven cuando las oportunidades o eso que llaman oportunidades están dadas por razones distintas al merecimiento y cuyas condiciones son tan limitantes como excluyentes.

Los ingenuos dicen que no hay edad, ni momento de la vida para lograr cosas, pero bien que las oportunidades laborales te las cierran porque si tienes más de 30 y no tienes 8 años de experiencia mínimo en algo, la puerta de la oportunidad empieza a cerrase. Claro está, solo aplica si no eres parte de la rosca.

La rosca te permite llegar y quedarte; te permite dejarles el esfuerzo a otros y llevarte los créditos; te permite figurar, aunque no tengas nada para mostrar a excepción del nombre y el apellido.

Y es que sí, realmente estoy harta de no pertenecer a la rosca y claro que es por pura envidia (aquí no vine a fingir que no) porque soy un ser humano, porque padezco y adolezco de emociones entre ellas la que acabo de mencionar y que a muchos les cuesta decir en voz alta porque a nivel de imagen no es correcto.

Lo malo de la rosca, es no estar en ella; es no poder contar con personas que puedan apalancarte o ayudarte; no estar en la rosca es saber que careces del capital social necesario para sobrevivir en un mundo que no tiene espacio para casi nadie.

No estar en la rosca, es saber que, aunque te esfuerces, los premios se los darán entre sí, aunque tengan claro que no se los merecen, ellos saben que en el mundo de apariencias las paredes llenas de reconocimientos ficticios valen más que los méritos.

La rosca te da estatus, porque te verán rodeado de personas con la capacidad y el poder de posicionar a los demás como bien les plazca de acuerdo a aquello que necesiten obtener o donde les convenga, porque los favores en estos círculos no se pagan con las gracias de los micos.

No estar en la rosca, te obliga a trabajar el doble por cada cosa (en el mejor de los casos), porque porque diferencia de los miembros de la rosca, tu trabajo y esfuerzo pasara desapercibido y te tocará darte los golpecitos de felicitación en la espalda a ti mismo, mientras te repites sin creerte nada de lo que digas, que lo importante es el empeño que en ello pusiste y lo mucho que aprendiste.

La rosca y sus miembros haciendo uso de esos códigos sociales velados y silenciosos capaces de ensordecer, te convencerán que se deben a sus capacidades y esfuerzo, y asentirás con la cabeza, sonriendo lo más cordial que puedas, porque una contradicción frentera, podría quitarte la oportunidad que jamás has tenido de pertenecer a esta rosca, que, aunque reconoces despreciable, guardas la esperanza de que estando en ella, podría traerte el chance que te ha hecho falta.

Porque lo malo de la rosca, es no estar en ella.

LO DEBÍA LA CORTE

 



 por: Johanna Bula 

De nosotras las mujeres se espera que seamos madres, que sintamos dicha en el sacrificio y la renuncia, se nos ha acostumbrado a que la medida de nuestro amor es la cantidad de sufrimiento que seamos capaces de aguantar. También se espera de nosotras, que seamos puras y castas, porque en la cabeza de un par de desorientados, los penes son tan poderosos que pueden cambiar nuestro valor.  

Ni siquiera podemos confiar, porque a las mujeres que confiamos se nos llama estúpidas, ingenuas, pero a los hombres que nos engañan, no se les pone ningún adjetivo calificativo negativo ¡no! A ellos se les ensalza por haber sido capaces de mentir y engañar. La inversión de valores que pone como culpable a las víctimas.

Nos metieron hasta en puré que los hijos, no importa como sean concebidos, ni en qué condiciones: son una bendición y se nos convenció que traen el pan debajo del brazo. Que, si una mujer es violada y como consecuencia de una violación queda embarazada, esa mujer debe tener ese hijo y amarlo; nuevamente se mide su amor y su valor por el sufrimiento del que sea capaz de soportar (y debe hacerlo con una sonrisa) , puede que le conceda menos tiempo en el infierno, porque se le obliga a que, por encima de ella, están los deseos de los demás y los dogmas absurdos.

Que si quedó embarazada “le toca” tenerlo, convirtiendo la maternidad en un castigo por tener una vida sexual.

Que no importa si el método anticonceptivo falló, si le prohibieron usar anticoncepción, si no tenía acceso a ella o no tenía ni idea que el sexo embaraza porque era una niña violentada por alguien con plena conciencia de lo que hacía.

¡Pero no es cierto! ni los hijos en cualquier situación son una bendición y mucho menos traen el pan debajo del brazo, a estas alturas en que la información está muy disponible, parece que se tiene por deporte ignorar la cantidad de niños desnutridos y que mueren de hambre. Si los niños realmente vinieran con el pan debajo del brazo, no habría niños con hambre.

El aborto es un tema de salud pública, de reconocimiento de derechos. Penalizarlo no ha reducido, ni ha eliminado su práctica. Despenalizarlo, por el contrario, significaría menos muertes de mujeres en abortos clandestinos, menos niñas siendo madres, menos mujeres obligadas a un destino que no desean; tampoco nadie en su sano juicio, dejaría de utilizar métodos anticonceptivos, esperando recurrir a un aborto. La consecuencia lógica es que van a dejar de morir mujeres en la clandestinidad o quedar con secuelas por realizarlo en sitios inseguros.

Aunque la muerte, una vida de sufrimiento y dolor son circunstancias que a muchos no les molesta, de hecho, esperan y desean que las mujeres que se practican un aborto, les suceda. No sé en qué mundo distorsionado viven, pero son mayoría y eso da miedo.

Desear la muerte de mujeres que abortan o desear que les saquen el útero de manera dolorosa, no te hace en lo mínimo una buena persona (pero no me extraña, si tú religión “de amor” te ha enseñado como odiar y el actuar de tu dios, ese que se relata en su libro sagrado, incluye matar niños de un pueblo que no es el escogido; violar mujeres y embarazar una adolescente porque a ese ser omnipotente, le resultó divertido enviar a su hijo a la tierra y sacrificarlo  para el perdón de los pecados, en lugar de simplemente perdonar).

La despenalización del aborto hasta la semana pasada no ha pasado desapercibida, no precisamente por ser un fallo histórico, sino porque en un país tan camandulero como este, cualquier cosa que se salga de los dogmas religiosos, es un escándalo (obviamente si ese dogma no les conviene, porque aquello de que las relaciones premaritales son pecado, bien que lo ignoran).

Al parecer muchas personas entendieron que: “se obligará a todas las mujeres a abortar a las 24 semanas” porque las redes sociales se inundaron de ecografías y barrigas con ese tiempo de gestación en el cual se pide que se les respete la vida. ¿O habrán entendido que la corte enviará un ejército de obstetras a acabar con bebes en esa semana de gestación? todo lo convierten en un absurdo, por esa escasa comprensión de lectura que manejan.

También se convirtió la decisión de la corte en un reclamo a las mujeres que abortan, porque al parecer aquellas que no pueden tener hijos, están convencidas que las mujeres que abortan, les deben algo… ¡¿adivinen qué?! No, no les deben nada. De todo corazón siento mucho que no puedan cumplir su anhelo de tener hijos, pero las que pueden y abortan, no les deben nada.

Con esta decisión de la corte, muy acertada y hace tiempo necesaria, se pone de manifiesto la cantidad de mitos urbanos alrededor del aborto, empezando por el siguiente: “el aborto no puede convertirse en un método anticonceptivo”.    ya con eso, uno sabe que la educación sexual que se imparte en este país a punta de libros de autoayuda carentes de evidencia, pero muy llenos de religión, ha hecho un daño terrible. Solo equiparable a aquel que causa no brindar clases de educación sexual, porque siguen convencidos de que les van a enseñar técnicas o poses sexuales a sus hijos e hijas. Desafortunadamente eso de lo que con ustedes no hablan, se los está enseñando el porno, por eso, las creencias tan extendidas, de que el sexo debe ser humillante para las mujeres, que tener sexo es una especie de ritual con paso 1, 2 y 3, entre una larga lista de etcéteras. Obviando cosas tan básicas y sencillas como el consentimiento.

Y no, “no quedan embarazadas por arrechas, por abrir las piernas” eso es reproducir discursos violentos, que desconocen la realidad de cientos de niñas y mujeres.

Tampoco abortan para “poder hacer con su vida lo que les da la gana” y si así fuera, es su vida, es su decisión, usted no va a estar ahí para vivir las consecuencias.

Las iglesias y la sociedad les metieron ideas muy absurdas en la cabeza y les reforzaron que la anticoncepción es exclusiva de las mujeres, quitándole toda la responsabilidad a los hombres. Nuevamente, la culpa es de las mujeres.

Tampoco se trata de que cambien de opinión con respecto al aborto, es que hagan algo mucho más sencillo que eso… que no intenten arrebatarles derechos a las personas y puedan entender que los derechos no se dejan a la opinión de las mayorías (menos cuando esas mayorías son tan ignorantes y mezquinas).

Que no inicien jornadas de oración en las clínicas que realizan este procedimiento, ya es bastante difícil tomar esta decisión para una niña o mujer y pasar por este proceso, como para que ustedes sean tan perversos de cargarlas con culpas.

El derecho penal no puede, ni debe estar encarcelando mujeres por decidir sobre sus cuerpos y destinos ¿Saben quiénes son las mujeres encarceladas por abortar? Mujeres empobrecidas. Pero no les importa, porque aquellas que han abortado y son de su círculo cercano, ellas si tienen excusa valida, las otras no, las otras son unas idiotas irresponsables. Puede usted sentirse con todo el derecho del mundo a juzgar, listo, no se le puede prohibir pensar de esa manera, pero de ahí a que las mujeres que abortan, merecen cárcel, hay una distancia muy considerable.

Hablamos de seres humanos, de niñas y mujeres empobrecidas, víctimas de distintos tipos de violencia, que no recibieron como usted la oportunidad de saber de anticonceptivos, mujeres que aún creen que la pony caliente con canela o que brincar después de la relación sexual evita un embarazo. Niñas que son violentadas sexualmente en sus hogares o por su círculo cercano y que por miedo y vergüenza (que no deberían sentir, pero que la sociedad se ha encargado de echar sobre los hombros de las victimas) callan y solo hasta avanzado el embarazo hablan. Mujeres que no quieren ser madres, por la razón que sea. Sigan creyendo estupideces como que “diosito sabe lo que hace” porque si acaso lo sabe ¡no le importa!

El derecho al aborto es un derecho que puede o no ejercerse. Nadie está obligando a las mujeres embarazadas a abortar y ninguna mujer que aborta está obligada a andar justificándole a una turba de inquisidores sus razones.

Si en tu creencia el aborto es pecado, ¿adivina qué? En tu creencia lo seguirá siendo, afortunadamente tenemos una corte que sabe que pecado y delito no son lo mismo. La despenalización no obliga a nadie a abortar, penalizarlo obliga a cientos de niñas y mujeres a parir. Despenalizar el aborto, tampoco significa promover el aborto. Si usted no quiere abortar, ¡no lo haga!  

La extensión hasta las 24 semanas se entre muchas razones por las trabas que el sistema de salud impone, por la dificultad de la decisión, porque 12 semanas no es suficiente en muchos casos para darse cuenta que se está embarazada, porque es un derecho sexual y reproductivo. Porque la vida y destino de esas mujeres importa. 

Porque la maternidad será deseada o no será.

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LA CAJA DE POLLITOS

 



La maternidad requiere de una cantidad inimaginable de recursos, y no me limito a los económicos, me refiero a unos en particular que no venden en ninguna parte y que debieran estar en orden antes de traer una criatura a este mundo.

Hay un recurso que todas las mujeres deberíamos tener y es que cada mujer que se encuentre maternando, debería en lo posible tener su propia CAJA DE POLLITOS, y si su cabeza se fue a una caja (literal) con pollitos de colores, lo primero que debo agregar, es que, como yo, ya está entrado en años y segundo que definitivamente no me refiero a eso, aquí no se apoya el maltrato animal.

Una CAJA DE POLLITOS, puede como es en mi caso, ser un grupo de whatsapp con dos amigas, que al igual que yo, son mamás. Nos une el cariño y los años de amistad, aunque no sería absurdo ni exagerado añadir, que también estamos ya, resignadas a soportarnos de por vida. Pero más allá de eso, nos une la necesidad de poder desahogarnos de las cargas de la maternidad sin ser juzgadas por otras mamás que venden una perfección que no se la terminan de creer ni ellas. Todo, entendiendo que desahogarse no significa amar menos a los hijos, ese es el encanto de la CAJA DE POLLITOS, que no hay que explicar eso, ¡ya se sabe!. Y de la vida en general, porque no hay nadie que lo tenga todo resuelto.

Es poder reconocernos humanas, no robots, ni mujeres esclavas de maternidades “perfectas”, en esa CAJA DE POLLITOS, reírse de las ojeras propias y ajenas es terapéutico. Presumir el mondongo, comentar sobre nuestras estrías y hasta bromear acerca de la flacidez de las tetas, va renglón seguido de algún tip que de manera respetuosa podamos darnos para sobrellevar alguna situación, teniendo más que claro que, así como libremente se da, se tiene la misma libertad para no pararle bolas, porque la maternidad exitosa, es aquella en la que haces aquello que a ti te funciona.

Créanme que tener una CAJA DE POLLITOS, una conformada por personas con las que te sientas a gusto, puede ser el contacto exterior con adultos que pasando por la misma situación, pueden brindarse apoyo, sin el peso de la crítica, los señalamientos y sin añadir culpa materna a aquello que hemos optado por hacer a diferente, hacer igual o hacer a nuestra manera.

Mi CAJA DE POLLITOS, se ha convertido en compañía, en estos momentos de lejanía física, cortesía de la pandemia; en una forma de despejar la mente, en momentos donde gritar para adentro no es suficiente; es tener un recordatorio de que la maternidad es una faceta dentro de las muchas que asumimos.

Contiene altas dosis de humor, de consejos, de buenos deseos y por sobretodo de muchas, muchas quejas, de ahí obtiene su nombre. Es liberador, es refrescante, es constatar que no se está pasando en exclusiva por algunas o muchas situaciones. Es un polo a tierra nada ortodoxo y muy particular. Es apoyo, asesoría, camaradería y sororidad.

Gracias a MI CAJA DE POLLITOS, con la más grandilocuente de todas las explicaciones ¡porque ajá!

Me encanta que me “expliquen” cómo ser mamá

 

Me encanta que me “expliquen” cómo ser mamá, al parecer, eso que he estado haciendo desde hace 12 años no cuenta o mi hija es una fantasía de mi cabeza...

A pesar de YA tener una hija, hay personas que intentan explicarme cómo es ser mamá, lo que pasa en las etapas del embarazo y lo que viene después del parto, ya resignada sonrío con pocas ganas y finjo atenta escucha, aunque la verdad me producen fastidio tantos consejos y opiniones no solicitadas. 

Estoy mamada de “opiniones expertas” de personas que usando un tono de superioridad moral, intentan aleccionarme sobre la maternidad, la vida en pareja después de los hijos y la vida misma con hijos. En especial porque cada persona es distinta y las cosas que a ti te parecen maravillosas, a otros nos pueden resultar pendejas o absurdas y viceversa.

No me interesa ser la mamá perfecta, ese desperdicio de energía empleado en satisfacer los estándares ajenos, me causa repulsión y por qué no admitirlo, mucha pereza.

Tampoco voy por la vida ofreciendo consejos de maternidad no solicitados, uno porque no me corresponde y dos es una falta de respeto en contra de la autonomía con la que cada cual decide criar a sus hijos. Siendo esto limitado a pautas de crianza que no atenten contra los derechos del menor.

Pocas personas dan consejos con amor o los dan con buenas intenciones, intentan ubicarte dentro de un molde, señalarte hasta donde en su forma de ver y hacer las cosas tú puedes hacerlas, para que esas mismas personas puedan aprobar tú desempeño, medido con la escala que se han inventado.

Definitivamente la maternidad es esa área de la vida, en la que siempre estas debiéndole algo a alguien, porque por donde se quiera mirar, uno entra con la evaluación perdida.

Opinan desde el nombre que le quieres poner a ese bebé, sobre la fecha en la que debería nacer, sobre la forma en la que vas a parir… y no has parido y ya te están jodiendo la vida con un listado de sugerencias de colegios que no has pedido.

Los hijos no son del pueblo, son de uno, no son de los abuelos, ni de los tíos, ni de más nadie.  Nadie carga con las consecuencias de los nefastos consejos no solicitados.

 

LA MATERNIDAD SERÁ DESEADA O NO SERÁ



Por: Johanna Carolina Bula 


Y no es precisamente una defensa del derecho humano a la interrupción voluntaria del embarazo.

En esta oportunidad, realmente voy a hablar desde mi experiencia con respecto a la maternidad  intentando ser lo más franca posible, porque sé que entre las personas que me leen está mi hija. Habrá a quienes le cause sorpresa, pero todo lo que de mí se ve en mis letras, lo enseño en mi casa, porque no se puede andar con un doble discurso (que no es limitante para cambiar de opinión sobre determinadas cosas si así se quisiera), porque ser coherente no es ser obtuso.

A mis 33 años y viviendo el segundo trimestre de un embarazo, puedo comparar la maternidad desde dos etapas de la vida y circunstancias muy diferentes entre sí, pareciera irrelevante pero no lo es.

A mis 20 años tuve a mi primera hija, una etapa de la vida, en la que crees saberlo todo, que se siente con las vísceras y no se racionaliza demasiado sobre lo impredecible del futuro, luego a los 30 descubres que nunca has sabido mucho, que básicamente viviste en modo prueba y error, que tuviste algunos aciertos, que fueron dándole forma a tus criterios, o por lo menos puso algunas bases.

Estar en capacidad reproductiva o tener hijos, no te da otra cosa que eso, sin ponerle más adornos. Se nos ha metido en la cabeza que las mujeres nacemos para ser madres y tenemos una especie de programación que se activa automáticamente al momento de quedar embarazadas, en la cual anularnos es parte fundamental de esta. A los 20 entendí la maternidad como sacrificio, como renuncia, porque hasta el cansancio escuché las mil quinientas cosas a las que ya no tenía derecho, emociones que no podía sentir, experiencias que no podía vivir, ropa que no podía ponerme. A partir de la llegada de un nuevo ser, se pretende que la vida de una mujer se desdibuje hasta no ser sino una sombra, hasta reducirse a ser mamá y una que a la que no se le puede permitir ser feliz más allá de sus hijos.

Ya no tenía derecho a divertirme, a ser feliz, a aspirar más allá de lo que me imponían, tenía que mantenerme en un estado de perpetua infelicidad y vigilancia, siendo criticada y cargada con todas las responsabilidades de cuidado, me culparon por las enfermedades de mi hija, me señalaron por querer más que la maternidad, se inmiscuyeron en mi sexualidad, como si tuvieran un sagrado derecho sobre el cuerpo o las decisiones ajenas. Me culparon por lo malo que pasaba en el matrimonio que tenía en ese momento, porque entre otras cosas, no saber soportar y no conformarme con un matrimonio de mierda, era parte de mi problema.

Durante mucho tiempo, sentí que ser mamá era estar doblemente condenada, como si no fuera suficiente la condena de ser mujer.

Sobra decir que el embarazo no fue planeado, pero que no rechacé cuando descubrí mi estado. Hemos crecido juntas y durante mucho tiempo fuimos una feliz familia de 2 (no espero romantizar la maternidad, ni que esto sea un testimonio en contra del aborto, porque no lo es, el aborto es una decisión personal, respetable y autónoma de cada mujer).No sé si es que no sabía todo lo que se venía con la maternidad y me ganó la ingenuidad, a veces considero que sí. Pero mi maternidad a los 20 años fue un proceso de aprendizaje que al día de hoy continúa. Hubiera querido hacerlo mejor, saber las cosas que sé hoy, pero a pesar de los incontables tropezones y aunque hay días que no sé quién desespera más a quien, estamos y hemos sido durante 12 años.

Decidir tener un hijo después de los 30 ha sido una situación completamente diferente, es precisamente eso, una decisión consiente de dos personas adultas y no es nada despreciable el hecho de traer al mundo un hijo con un buen hombre. Yo la puse clara y el no esperaba otra cosa, lo criaron distinto y se ha educado para no ser un cretino. Una buena pareja ha hecho una gran diferencia.

Cuando nos conocimos, tuvimos hasta la conversación de que era mejor que no siguiéramos saliendo (y por esa conversación me refiero a un monologo de mi parte) él quería hijos y yo no, estuvo atento a todo lo que yo tenía para decir y escuchó sin juzgar, tampoco intentó convencerme de lo contrario.  Me demostró que con hijos o sin hijos era feliz conmigo y lo llenaba nuestra relación.

En mi vida hubo cretinos de concurso, así que por más que yo supiera que merecía una buena pareja y que mi esposo no ha hecho nada que me haga pensar que no lo es. A nivel personal tenía una desconfianza absoluta sobre las personas y sus verdaderas intenciones. Mi asunto nunca fue de no querer hijos por odiar a los niños, mi aversión a la maternidad vino con las experiencias vividas durante mi primer embarazo y todo lo que siguió después.

Yo no quería saber más de renuncias y sacrificios; no quería un nuevo grillete. Porque quienes te rodean te pueden hacer sentir que es eso es la maternidad: un verdadero infierno que tienes que soportar sola, mientras que al hombre su vida se le mantiene intacta; en que “brinda ayuda” siempre y cuando esté de ganas, en que mira y busca a otras mujeres que no cargan en el vientre un hijo que cambia su cuerpo; en que pasas sola por exámenes médicos y te tragas emociones porque a tú pareja no le interesa. Que entre los consejos no solicitados están lo de “no te engordes” porque muchas personas creen que manteniéndote flaca, logras retener el interés de un marido. En el que cada aspecto de tú vida es juzgado y cada derecho, sueño, aspiración te es arrebatado, disminuido o ridiculizado en nombre de la maternidad.  Es vivir varios tipos de violencia con múltiples agresores.

Entre una cantidad interminable de cosas, que terminan por convertirse en una carga muy pesada de soportar.

Mis nuevas circunstancias son distintas, hicimos un matrimonio a nuestra medida y de la misma manera llegamos a la decisión de agrandar nuestra familia, con su forma de ser y estar no necesitó un discurso para convencerme de nada que no quisiera hacer. El simplemente me ha dado lo que tiene para dar y eso se traduce en un amor bonito, uno que no ata. Nos hemos dado el apoyo mutuo para retomar sueños individuales y plantearnos otros nuevos en pareja.

Y se lee rápido, pero fue un proceso personal, de replantear la maternidad tradicional impuesta, olvidar Prejuicios, mandatos sociales y familiares machistas y absurdos, para darle cabida a una concepción de maternidad consciente, respetuosa, compartida, y tanto nos gustó que nos metimos de cabeza en esta aventura.

Cometeré errores nuevos, seguiré ignorando a los moralistas y a las madres perfectas, seguiré siendo la que usa escote, que baila como loca nueva, que canta feo pero con sentimiento, que ríe a carcajadas, que tiene tatuajes y cero interés en encajar en algún lado. Lo que ya no soy es una esposa infeliz, una madre esclava, ni una mujer con miedo de mostrarse al mundo como es, ni de criar como le da la gana aunque los murmullos de reproches sigan sonando alto pero esta vez a mis espaldas, donde siempre debieron estar.

La maternidad se dio deseada en ambas ocasiones, aunque con circunstancias tan opuestas como la persona que era en ese entonces y la que soy ahora; la primera vino sin planearse, la segunda fue todo un proyecto. La maternidad será deseada o no será, para que se pueda disfrutar, para que se pueda ser feliz en medio del agotamiento que consigo trae, que no dependa de los tiempos, ni deseos de otro o de estados que infantilizan a las mujeres con leyes sobre sus propios cuerpos. Y que ese deseo, no parta de un capricho o del desconocimiento de la realidad, que sea un deseo sustentado en decisiones meditadas y circunstancias que sean idóneas para la criatura que viene y para la madre que crea.

 

 

 

No más pastores de oficio en cargos oficiales

 


Por más inclusivas que las sentencias, Caso Oberefell vs. Hodges (OBERGEFELL V. HODGES, 2015) en cuanto a jurisprudencia anglosajona y la Sentencia SU214/16 (Sentencia SU, 2016) en el caso colombiano, quieran parecer, su redacción delata las trabas mentales de la mayoría de los juristas que son incapaces de diferenciar realmente lo que es derecho y lo que es pecado y no es una afirmación sacada de contexto, pues cuando se refieren a gais y lesbianas, lo hacen no desde el reconocimiento de la igualdad de que son sujetos y sujetas de derecho, sino de una otredad discriminatoria y es que referirse en términos de “ellos también pueden construir hogares” como si la preferencia u orientación sexual inhabilitara a alguien de adquirir un compromiso que se hace por amor y se mantiene por decisión y voluntad.

Se compara a las uniones heterosexuales constantemente con las uniones heterosexuales, en cuanto a valores como si las uniones de este tipo fueran una medida con la cual se deban fijar estándares. Parecieran olvidar a propósito que las personas no se reducen a su sexualidad, y que los valores y la ética, no son exclusivos de los miembros de las parejas heterosexuales, si así fuera no tendríamos las alarmantes cifras que tenemos sobre violencia intrafamiliar, feminicidios, violaciones conyugales, entre un largo etcétera.

El amor y el matrimonio, o la institución del matrimonio, se han defendido desde una postura religiosa, como algo “sagrado” y bajo esa concepción se refieren a las uniones de parejas del mismo sexo como un problema social, cuando no hasta hace mucho la norma era que los matrimonios eran arreglados y por conveniencias sociales en países como Colombia y estados unidos. Pareciera decirnos que la categoría de sagrado, no la da el vínculo, si no la identidad de género y preferencia sexual de las personas que lo componen

Debatir sobre si el “otro” tiene derecho o no a existir, es de por sí una cuestión absurda, los gais y las lesbianas existen, con o sin el reconocimiento de la sociedad, que los considera muy capaces de pagar impuestos, pero que los infantiliza y descalifica diciéndoles que no son aptos para contraer matrimonio, porque les molesta la sexualidad ajena, no heteronormativa y les contradice lo que líderes religiosos les han querido meter hasta el cansancio y es que la institución del matrimonio debe darse para conformar una familia tradicional, pues entonces bajo ese análisis arcaico, las uniones entre palomas y adolescentes deberían ser la norma.

No hay nada que pruebe que las relaciones entre personas adultas del mismo sexo, cuando se construye sobre bases sólidas como el deseo de permanecer juntos, de respetarse, de apoyarse y de cuidarse no sean igual de valiosas y dignas de reconocimiento y protección que aquellas que se dan entre personas del mismo sexo.

Paradójicamente, aquellos que con más vehemencia niegan derechos a las parejas homosexuales, son consumidores de porno lésbico o por lo menos es algo que podemos inferir de las estadísticas «Las lesbianas han sido la fantasía masculina número 1 desde el principio de los tiempos. Para hombres que probablemente no tengan un trío con lesbianas, esta es una manera ideal de vivir su fantasía» (Serrano, 2019). , está realidad lo que pretende es negar derechos civiles, pero que si es para el consumirse como producto sexual es válida y excitante.

Pocas no han sido las luchas jurídicas de esta comunidad a la que la moral religiosa imperante en sociedades como la norteamericana y colombiana los ha condenado, a causa de la homofobia y sexofobia que no hemos podido sacar de los tribunales, ni de las aulas de derecho, y que no hacen más que recordarnos la falta que hacen abogados y abogadas con criterio y ética humana.

De igual manera, ya es tiempo de que categóricamente se enmarque dentro del término “opiniones” (Perez,J. y Gardey, A. , 2009) todo aquello que los grupos religiosos hayan dicho o quieran decir sobre este tema, pues no son argumentos jurídicos, por más que así quieran figurar. Los libros sagrados no son doctrina jurídica y ni siquiera deberían ser tomados en consideración al hacer leyes.

Los argumentos en contra del matrimonio igualitario, son absurdos, infantiles y cargados de un odio extremo hacia las sexualidades no heteronormativas. Pretender no reconocer derechos a un sector de la población solo porque a las personas religiosas no les parece, porque es “pecado”, es la más grande violación al derecho a la igualdad y que a todas luces carece de fundamento constitucional.  En el caso estadounidense, ninguna unión marital, debería estar sometida a intermitencias territoriales porque el amor, el compromiso, el proyecto de vida en pareja, no conoce de límites físicos y mucho menos del permiso de otros para existir. Al hacerlo se violentan derechos, se pone a los individuos en situaciones de vulnerabilidad, pues el reconocimiento de su unión marital y los demás derechos que de este se desprenden depende del estado en el que se encuentren.  En el caso colombiano, las uniones de parejas homosexuales son una realidad reconocida, pero esta suele quedarse en el papel, no podemos seguir teniendo jueces que pretendan alegar la figura de la objeción de conciencia para no cumplir con un deber constitucional, porque su religión no lo concibe. (EFE, 2020) El hecho de que Colombia sea un estado laico y que no se está suscrito a ninguna religión de manera oficial, les debería dejar claro a los funcionarios que se exige y se espera de ellos neutralidad en el tema religioso. Lo que sí debería estar prohibido es el adoctrinamiento que desde sus posiciones intentan hacer, si quieren predicar, están en toda libertad de hacerlo en su ámbito personal, pero no desde sus posiciones jurídicas.

¡No más pastores de oficios en cargos oficiales!

Se debe poner fin a la discriminación legislativa a la que gais y lesbianas han estado sometidos en Estados Unidos y Colombia - aunque en teoría el matrimonio igualitario es un derecho en todo el territorio nacional y no está limitado por el territorio como en el caso norteamericano- la realidad nos muestra una cara muy distinta, donde hay demasiados prejuicios sobre las uniones de parejas del mismo sexo. Y sobre los derechos que de estas uniones se desprenden como la pensión de sobrevivientes, las decisiones médicas que puedan tomar uno con respecto del otro, entre otras.

Concuerdo en que las uniones maritales forman parte importante de  las estructuras sociales, aquellas conformadas por personas adultas, con inteligencia emocional, con autonomía, consensuadas, soportadas bajo bases sólidas de amor, respeto, de admiración, con la decisión consiente de acompañarse a lo largo del camino, procurando ser ayuda idónea y apoyo mutuo,( requisitos que rara vez cumplen las parejas en general), el sexo o la preferencia sexual de quienes lo compongan es lo que considero absolutamente irrelevante.

En lugar de discutir, si sobre personas adultas del mismo sexo pueden o no formar una familia, deberíamos eliminar de nuestro código civil, el hecho de que niñas y niños a partir de los 14 años puedan casarse con permiso de sus padres o tutores, pues se basa en la capacidad reproductora (como si fuéramos animales) que anulan las otras dimensiones de la persona humana, como su derecho al proyecto de vida, pues esta aberrante disposición solo ha servido para violentar  a cientos de niñas (pues no hay registros de mujeres mayores de edad, casándose con niños menores de 18) que son obligadas por adultos inescrupulosos a someterse bajo la figura del matrimonio a uniones forzadas, en las cuales todo les es arrebatado, con la anuencia de padres o tutores que en lo último que piensan es en el bienestar de las menores. O de tener el débito conyugal como obligación dentro del matrimonio, cuando es claramente contrario al derecho humano de la libertad sexual.

 

Bibliografía

OBERGEFELL V. HODGES, 576 U.S. (Corte Suprema de los EEUU 2015).

Sentencia SU, 214 (Corte Constitucional 2016).

EFE. (2020). El Tiempo. Obtenido de Por tercera vez un juez cristiano se niega a casar a dos mujeres: https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/el-juez-cristiano-se-niega-de-nuevo-a-casar-a-pareja-de-lesbianas-544459

Perez,J. y Gardey, A. . (2009). definición.de . Obtenido de DEFINICIÓN DE: https://definicion.de/opinion/

Serrano, B. (2019). ¿De dónde viene la fascinación de los hombres por el porno lésbico? Obtenido de https://smoda.elpais.com/placeres/sexo/de-donde-viene-la-fascinacion-de-los-hombres-por-el-porno-lesbico/

 

 

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