El complejo de teletubbie y los ofendidos crónicos


El complejo de teletubbie y los ofendidos crónicos

Las dos caras de la moneda, ambos tan perjudiciales y comunes como la coca cola.

Procedamos a realizar el esquema del complejo de teletubbie: Individuo caracterizado por mantenerse en un estado de excitación interminable, basado en falsas expectativas. Terriblemente insoportables, yo le tengo pánico a la gente que siempre está aparentando felicidad, o dulzura…eso no es normal, si bien, no soy partidaria del dolor, ni soy militante de la depresión; tampoco considero la felicidad aparente como algo sano.

Es muy difícil estar feliz todo el tiempo, es contraproducente negar la existencia de otras emociones, como quien acomoda el polvo debajo de la alfombra, tarde o temprano no va a haber espacio para contener tanta suciedad, y lo que a simple vista se podría tomar como optimismo, es en la mayoría de los casos, una herramienta inútil, empleada para mantener las apariencias.

Su felicidad es fingida, su trato dulce y tierno es una fachada, detrás de la que se oculta una persona que se acostumbró a negar sus emociones.

En la otra cara, están los ofendidos crónicos, estos son diferentes en contenido, pero no en esencia de los teletubbies, aunque a diferencia de los primeros, en lugar de vivir en un mundo de fantasías súper  ley (los barranquilleros entenderán), viven de un amargue constante, todo les pica, les incomoda, se ven ofendidos directamente por lo que diga el Papa y fastidiados si muge la vaca, la salida del sol nunca es por el lugar correcto y sea la temporada del año que sea, su humor no varía.

Se atacan con la vida propia y con la ajena, se autodenominan estandartes de las buenas costumbres y la moral, son centinelas del chisme, jueces de todo y verdugos justicieros que con su “humilde opinión” y su “verdad” reprochan el hacer y deshacer de cualquiera.

Su amargue no tiene justificación aparente, son atletas olímpicos en la desclasificación de sus semejantes, de sus parejas, de sus hijos, de sus compañeros de trabajo, nadie excepto ellos tienen la verdad absoluta de todo y la última palabra.

¡y que el universo nos agarre sentados, si dos personajes iguales se encuentran!



En ambos casos,  ven las situaciones de la vida en blanco y negro, estáticas, donde los puntos medios los verían obligados a lidiar consigo mismos, con sus patrones de conducta, con emociones que se han negado a experimentar; ciertamente experimentar estas emociones  causa temor, es aprender a vernos con ojos de misericordia a nosotros mismos, es enfrentarnos a comportamientos que se nos invalidaron, cuando nos dijeron que tal o cual emoción no la debíamos manifestar, no nos enseñaron a canalizar la frustración, el enojo, la tristeza, nos adiestraron para ignorarlas, las señalaron como defectos, como síntomas de alguna enfermedad y la enunciaron como características de personas débiles, y nadie quiere reconocerse débil o inferior.

La debilidad no está en las emociones, está en su manejo, se moldea con la experiencia y se hace vida cuando se reconoce propia, se valida, se canaliza y se supera; no se niega, no se atragante con sus emociones, dejelas vivir, aprenda de ellas, tienen mucho para enseñar.






Yo debí saber que no era normal


Yo debí saber que no era normal



No sé por qué todavía, a estas alturas del partido, me encuentro a mí misma sorprendida por mi incapacidad para encajar, eso ya lo debería haber interiorizado, como para que no me afecte.

Debí saberlo desde pequeña, inconscientemente elegí no prestarle atención, es que la comodidad de la ignorancia es parecida a la de la pijama vieja.

Ya decía yo, que no era normal  disfrutar los jugos, la sopa a cualquier hora y que en vez de llorar para no comer ensalada, me regañaban porque me la comía toda, porque en una niña, normal, normal, así que uno diga normal, no es.

Lo preocupante del asunto, es que prefiero hacerme la loca, cuestionarme a mí misma, pelear a puño limpio con el espejo y cuestionarme repetida e innecesariamente qué tanto daño me hizo caerme de chiquita.

Después de interrogar a varios médicos (tampoco es que me haya dado tranquilidad, porque resulta que si fuera consecuencia de algo y no de mí, estaría tranquila, uno de los placeres más grandes en el mundo, es endosar responsabilidad en otros o en eventos poco afortunados), resulta que no, que poco o nada tiene que ver ese totazo, por muy fuerte que me haya parecido.

Y sé que no soy la única que se siente rara, el problema no es nuestra normalidad, no somos nosotros, no soy yo, el meollo del asunto está en que toda esa vida de duros cuestionamientos ha sido vivida de la mano de la gente equivocada, no les voy a decir malos o tóxicos, porque hay seres maravillosos con los que compartimos y departimos, pero a la hora del té, no nos entienden realmente, sus aplastantes buenas intenciones, son cambiarnos, modificarnos para que encajemos en su mundo y eso nos hace sentir aún más raros.

De lo que hemos padecido, es de una enfermedad social bastante común, que también podría explicarse de manera holística: nuestra necesidad de pertenecer, nos ha hecho escoger la manada equivocada, nos rodeamos de personas que no van con nosotros, que no comparten esas aficiones, que no tienen los mismos intereses, y para cada quien es distinto.

No hay una única manera de sentirse a gusto con uno mismo, sólo que tal vez, encontrar a tu manada, ponga a tu disposición herramientas nuevas con las cuales reconstruirte desde adentro; lo más grave que podría suceder, es darte cuenta que el problema no eres tú, sino las personas de las que habías escogido rodearte.

Algún día, con algo de suerte y de decisión podrá esta niña rara encontrar su manada, dentro de la cual sentirse a gusto, donde sus virtudes sean apreciadas, sus opiniones valoradas y se logre sentir plenamente a gusto con su rareza.

No lo estamos haciendo bien


No lo estamos haciendo bien



Precisamente hoy en una actividad del colegio de mi hija, nos preguntaban a los papás, qué virtudes valorábamos en nuestras hijas y qué queríamos que fueran en un futuro.

Vaya! Dos preguntas para pensar, la primera bastante porque plantea interrogantes sobre la crianza misma y la segunda porque es un reto al ego y a las tan dañinas expectativas.

Les explico porque la primera la considero un interrogante a la crianza que le estamos dando, porque aquello que expresamos como virtudes, puede que no lo sean tanto, la sumisión confundida con obediencia, la memoria con la inteligencia, entre otras, para no salirme por la tangente, escribí dos características que a mi parecer son fundamentales (y me las reservo, porque cada quien tiene una valoración distinta de lo que son cualidades y virtudes.

La segunda fue la que generó debate, resulta que mi respuestas fueron  “que sea feliz” “que haga lo que la haga feliz” y para mi sorpresa mi intervención y justificación hizo que me ganara simpatizantes y como es de esperarse detractores.

Yo no quiero educar a mi hija con la expectativa de lo que quiero que sea, eso sería enviarle un mensaje contradictorio (que a casi todos nos jodió la vida) , simplemente no quiero decirle que es inteligente y de repente decirle que su criterio (que se irá formando con los años, los daños y la experiencia) no es suficiente para saber que hacer con ella misma.

Cuanto bien nos haríamos como padres y mayor bien el que le haríamos a nuestros hijos, si dejáramos de creer que son una extensión de nuestra existencia, o que nacieron para llenar vacíos afectivos o peor aún que vinieron a este mundo a cumplir las expectativas nuestras, desconociendo totalmente sus intereses. Tampoco crea que soy la más liberal, porque mientras se forma ese criterio, me gusta mantener la disciplina (sin ser una disciplina de maltrato físico, ni verbal, mi ex marido y yo en lo único que hemos estado de acuerdo es que los golpes son violencia, y a mí parir me dolió mucho, como para herir a mi flaca); la motivo a leer, a estudiar, a hacer la tarea; hay programas que no considero adecuados para ella , entre una larga lista de cosas; pero también le ofrezco libertad, de dedicar mayor o menor tiempo a las actividades que la apasionan, a no condicionarla a un estado civil futuro, no inculco el ideal del matrimonio, ni de la carrera adecuada (y en este punto, si les contara cuantos frustrados – exitosos hay, y solo en el curso de mi hija); padres a los que les pedí (hice el ejercicio al revés ) de no pedirle a nuestros hijos que cumplan nuestras expectativas, sino que el universo (y si tienen una creencia en particular, a su Dios o deidad ) que nos de la paciencia para aceptar su camino, que nos permita ser guías en la construcción de su templo interior, que desde la instrucción podamos reconocer en ellos sus cualidades y que sus decisiones políticas, ideológicas, sexuales, civiles y demás sean en su libertad (mientras no se hagan daño a si mismos y mientras no dañen a los demás)y que sea un daño real, no un daño al estatus de la abuela , o la susceptibilidad de la tía pendeja.

De alguna manera aclaro, que no fomento un libertinaje en ninguna de sus expresiones, ni conductas que atenten contra el ser humano, en su dignidad.

Cada quien educa a su manera, yo no soy gurú, ni experta en crianza, disto mucho de ser el modelo de mamá perfecta que se levanta a hornear galletas y soy una feliz divorciada de la postura de madre abnegada (esas que viven en un sufrimiento constante y que brindan un amor aparente),  soy una mamá a mi manera, quizá porque no creo que lavarle el cerebro a mi hija sea lo correcto, porque quiero que ella si sea feliz, porque quiero que cada vez que se mire al espejo se reconozca y no se cuestione su vida entera, por andar haciéndome caso.

Es muy fácil obligar a otro, con la mentira de que lo hacemos por amor, a hacer lo que queramos, pero ¿amor a quién? ¿amor a los hijos? ¿amor a mi ego? ¿amor a las apariencias?

A ver si reflexionamos un poco y no tengamos que educar hijos , que se miren como nos miramos hoy los asistentes a esa reunión, reconociéndonos como fracasados-exitosos, porque tenemos todo lo que quisieron para nosotros, pero nada de lo que queriamos  nosotros mismos.

*En otro post, le dedicaré más tiempo a mi teoría de los “fracasados-exitosos”*

La editada, introducción y generalidades


 La editada



Si me preguntaran cuál es el tipo de violencia qué más perjudica a las mujeres desde temprana edad, yo respondería sin dudarlo que “La editada”.

Es de lo más “normal” que nuestros padres, en especial las madres, nos digan que sólo quieren que seamos felices, que comamos perdices y toda esa perolata que ni ellas se terminan de creer y es que esas  terribles e infames “buenas intenciones”, llevan a estas madres y un sinfín de cómplices a impartir un modelo de crianza, cuyo resultado es frustrante y nada útil; y a pesar de que algunas valientes han reconocido la inutilidad del modelo, otras persisten en el error.

Y esa “editada” en qué consiste? Simple, sencilla y devastadoramente, en un sistemático remplazo de gustos y preferencias, por el del modelo establecido, siguiendo la forma de los cuentos de los hermanos Grimm, dirigido bajo una óptica muy al estilo de la rosa de Guadalupe.

Nos dicen que debemos aceptarnos como somos, que seamos autenticas y todo ese bla bla bla, que nos obligan a modificar, porque al mismo tiempo que dicen esto, salen con “así no se viste una señorita”, “esa forma de hablar no es propia de una dama”, “si te comportas así ningún hombre te va a querer”, “déjese ayudar, a los hombres les gusta sentirse importantes”, “exagere las virtudes de su hombre (en todo sentido),razón por la cual hay tanta frustrada y tanto cavernícola convencido que son los mejores en la cama (no se engañe, esa mentira hace parte del discurso de “la editada”), entre una larga lista de frases y modelos de comportamiento.

¿Cómo es posible que se nos niegue el derecho a hacer, sentir y preferir?, todo por mantener apariencias o encajar con ese ideal de mujer perfecta, esa que se casa, que reza, que no jode, que no pide, que no exige, que se acomoda a todo, que sacrifica tranquilidad, paz mental, equilibrio emocional y se somete a una anulación constante de ella misma, de su juventud, de llanto y sufrimiento interminable; y todo para que en la vejez puedan decir “a pesar de todo aquí estamos, juntos; él era terrible, pero llegó una edad en la que cambió (ya no le pegaba, ya no tenía moza, ya no se perdía el fin de semana), mira tú esa vaina!

Sí, obviamente llegó ese momento, en  que la edad no le daba y las energías tampoco, pero ¡hey!, qué importa, si lo único que perdiste fueron los mejores años de tú vida y con ello todo lo que pudiste ser, invertiste todo para en la vejez ser la enfermera de un niño que no creció, sino que envejeció; la buena amiga, que escucha; la amante insatisfecha pero complaciente; la que aguantó porque en la editada le dijeron que eso es lo que hace una buena mujer; la valiente que supo torear cada cacho, con la floja expresión “el siempre vuelve a la casa”; la que crio sola a los hijos y hoy la culpan de lo que salió mal o si la cría salió descarriada, pero comparte las glorias y el éxito (porque en estos casos, ahí si la recompensa es mutua… sabroso es celebrar méritos, con el esfuerzo ajeno).

Y para que vean, yo creo en el matrimonio, en la vida en pareja, soy una romántica incurable, sólo que mi proceso de edición, no fue completado; hoy agradezco a mi pereza, o a esa habilidad que tengo de ignorar a la gente, a las cosas y las enseñanzas (a un punto que aterroriza, no siempre es bueno).

Creo en las personas, en que si no fingiéramos ser lo que no somos, si más bien, nos dejaran ser, sentir y hacer lo que nos apasiona, no construiríamos expectativas sobre sueños y metas que no son nuestras; o me van a negar que conocen personas “que tienen todo lo que cualquiera quisiera tener” y no son felices, y quién puede ser feliz si se dedicó toda su existencia a complacer a otros, dejándose a un lado, porque en “la editada” le dijeron que fuera el mismo, pero que se acomodara, que se pusiera un filtro, que fuera el/ella mismo(a), pero no tanto… y de tanto en tanto, todo lo que pudo haber sido, se perdió en la editada.

O van a negar que mientras leían esto, sintieron que les hablaba directamente.
*mi editada personal va a tener que esperar un poco, aún no estoy lista para hacer esa catarsis*

A mí lo que me faltó fue ver novela




A mí lo que me faltó fue ver novela
Es una vaina muy común que las mujeres hagan de cuanta cosa para "atrapar" al "hombre que quieren"; y pongo esta última expresión en comillas, porque lo que he podido apreciar a lo largo de varias experiencias y a lo que yo llamo "inteligencia colectiva" (de esto hablaremos en otra ocasión, y es otra de mis teorías es que las mujeres tenemos inteligencia y experiencias colectivas) es que es un juego de ego y de poderes, a la larga esas mujeres sólo hacen desde las del perro (por no decir perra) hasta las del mico con tal de quedarse con "el man" , aunque no lo quieran realmente, aunque el muy imbécil ni se dé cuenta que se ha convertido en un trofeo que se alcanza después de una cruel, desleal y violenta cacería.

Estas mujeres tienen algo en particular y en común…Son unas estrategas ni el hijuemadres, hubiera querido Sun Tzu tener la mitad de la capacidad que tienen estas mujeres; fichan la presa y a partir de ahí empieza una guerra sin cuartel, con aliados, fechas, armas y sabrán ellas que más (si yo lo supiera, mi estado civil sería diferente, aunque de ese tema, también hablaremos en otra ocasión).

No conocen el límite de la dignidad, porque claramente alzar el trofeo presupone un triunfo, una victoria y rara vez gana el amor; porque no vaya a ser que el pobre infeliz esté enamorado de otra o se enamore de otra, olvídense que gana el amor, gana la estrategia de la quiera tener el estatus de la pareja de la presa en cuestión... digo, de la persona en cuestión.

Se deshumaniza tanto al hombre en la medida en que se valen por lo que dan y aportan, por lo que significan, se vuelven un objetivo militar.

Yo a esas mujeres les tengo miedo, nunca ofrecen más de lo que la comodidad del premio pueda darles; pero sacan la artillería pesada a la primera oportunidad, no se desarman nunca; cada llamada, cada mensaje, cada salida, cada discusión y reclamo tiene una finalidad y vaya que lo saben hacer.  A este punto usted puede pensar que las critico, pero no, honestamente las envidio; tengo una jodida incapacidad para editarme, que si no hablo me salen subtítulos en todos los idiomas y la cara de fastidio crónico se apodera de mí.

Saben seducir, conquistar y retener, que vaina jodida, yo ni siquiera logro mantener la atención de mis lectores del blog.

Obviamente, vieron y ven novela, crecieron con el esquema mental del  victi-drama y muy, muy lejos están de la apariencia de la mala de la novela, de hecho su camuflaje es el de la moscamuerta, el de la "virgen conversa” (otra de mis teorías); se publicitan como abnegadas, inocentes y todas esas vainas que los incautos juran que son los atributos de "las mujeres que valen la pena";  su mejor discurso consiste en alabar y soportar cualquier situación que se les presente (pero no desde el amor , sino desde la estrategia); sus aliados principales son la madre del incauto/víctima, los mejores amigos y su circulo cercano...y todos caen! tienen una capacidad de convencimiento y un dominio del público que cualquiera desearía; y así siguen con una red que sirve a sus funciones; mejores amigas que apoyan su causa (dentro de las estrategias es muy común que una de las mejores amigas de la estratega, salga con un amigo de la victima, para complementar el ciclo de lavado cerebral), no sean tan incautos, esta estrategia es tan vieja como los envenenamientos en la antigua Roma y tan efectiva como agua bendita en cuaresma.

Así, que sí, a mí lo que me faltó fue ver novela, ese grado de manipulación histriónica, no se me dió, ni se me desarrolló... Conmigo es blanco o negro, todo o nada... y si me va a tocar desplegar una estrategia militar para estar con alguien, o para retenerlo prefiero retirarme... porque una cosa es aceptar que no todos los tiempos son buenos, otra cosa es jugar con la gente.

Lo que no es de voluntad, que no sea de fuerza, ni siquiera la mental, ese desgaste no es para mí; si llega, que se quede; si se va, que le vaya bonito...y si hay competencia, se lo regalo con moñito, porque si hay un tercero, es porque le abrieron la puerta para entrar; y porque la milicia no es lo mío, dejo el terreno libre para quienes ven en el amor una batalla y en las personas ven trofeos.
Y sí, me faltó ver novelas, o ver las adecuadas.

¡Váyase al carajo!



¡Váyase al carajo!


Desde que nacemos y a lo largo de nuestra vida, en todos los espacios y de manera frecuente, nos tropezamos con personas o situaciones que nos afectan o nos dañan.

No se imaginen ni por un momento que les voy a dar una charla de superación personal, porque no tengo ni idea del asunto y dos porque ni sin culpa, tengo la autoridad moral, ni la preparación profesional para hacerlo...ah! y el hecho de que firmemente creo que cada quien es diferente y por ende hace con su vida y su felicidad lo que mejor le parece, entonces, claramente, no es una charla de motivación, ni la formula mágica para dejar atrás los problemas; sólo quise ponerle algo de dramatismo a lo que voy a compartirles hoy.

A mí me ha servido el siguiente ejercicio, con respecto a las personas y las situaciones que les mencione al principio y tiene todo de cierto, desafortunadamente, hay gente tan dañada por dentro que la única manera de que su saliva no se convierta en veneno, es haciendo daño a los demás...y sin mayor pudor les digo, todos de alguna manera hemos herido, dañado, o jodido a alguien.


Pero tampoco me doy, ni les doy látigo por ello; veamos más bien una técnica que a mí me ha resultado.



Durante años fui reaccionaria, literal que por todo peleaba, hasta que me cansé, porque el desgaste de entrar en polémica con gente que no tiene intención de reconocer sus faltas o de admitir sus equivocaciones, es proporcional a su grado de maldad multiplicado por su ego, potencializado por sus enfermas actitudes...así que me he dedicado a simplemente dejar así.



Pues si, como lo ven no es una formula mágica, no denota una conciencia superior, ni un avanzado estado de mente...podría ser más bien catalogada como una actitud cobarde, si lo ven desde la perspectiva guerrerista y desde el ego, que a fuerza de querer cambiar al otro, nos hace olvidar, que cada camino es individual y cada quien escoge sus experiencias.

No defiendo la postura de victima, ni las actitudes del victimario, para mí simplemente, esa persona o situación muere, no la arrastro, no la llevo acuestas, ni pago penitencia; claramente después de un duelo consiente y de tomar en beneficio las lecciones aprendidas.



No odio a nadie, me da una pereza tan bárbara guardar rencor, que es a veces sorprendente como se puede desarrollar la habilidad "del muerto viviente", así no le llevo flores a un cadáver , ni mantengo relación con un ser o situación que no me aporta.



Obvio, están las situaciones o personas que cuestan más, que se convierten en un trabajo casi diario; el cual, supone colocarme en los zapatos del otro (sin olvidar talco y medias), tratando de entender que sus reacciones son manifestación de sus temores; que quien daña o ataca por dentro está enfermo y como yo no soy médico, su curación no depende de mí; que su adicción es hacer daño y causar incomodidad, dolor, malos entendidos, no soy madrina, ni coach... y para aquellas personas que aún conservan el delirio de salvadores de las almas necesitadas, recuerden que sólo se ayuda al que quiere cambiar, que a fuerza de voluntad divina y nuestra, la cosa no camina, si la persona en cuestión pretende seguir con su comportamiento.



Entonces, mi técnica podría llamarse la del "muerto viviente"; pues aunque en el plano físico la persona comparta nuestro mismo aire o la situación subsista, en mi mundo interior no existe, sólo quedan las lecciones...ya ven, no supone un grado de esclarecimiento, ni un alma elevada, ni ser un santo; es cuestión de tranquilidad mental, de paz, de entender que si me cargo a cuestas el dolor, esa persona adquiere un poder sobre mí (y siempre he tenido problemas con reconocer la autoridad...ahora imaginen lo jodido que sería reconocer a alguien o algo de manera permanente), así que lo suelto, lo perdono y lo dejo ir (con el respectivo luto que la persona o la situación requiere)

No les niego que la expresión ¡váyase al carajo! es muy útil y efectiva como mantra, siempre y cuando no nos vayamos al carajo acompañando al otro; no deje su tranquilidad en manos de un recuerdo, ni dedique su energía a guardar rencor, eso le da poder a ese muerto viviente sobre usted.




Espiritualidad Masónica


Espiritualidad Masónica


¿Sólo puede ser masón alguien religioso?


En definitiva no lo creo, ciertamente este ha sido el punto de quiebre de la espiritualidad masónica, pues sólo puede ser masón, una persona espiritual y eso mis queridos hermanos es muy diferente y nada tiene que ver con las religiones.

Es muy común en los distintos talleres masónicos que se haya perdido la esencia de la masonería, su simpleza, la luz de la libertad, características que aterrorizan a las personas amantes de las reglas y las prohibiciones, de los dogmas impuestos comúnmente por las religiones; la espiritualidad masónica no es más que la esencia misma de la persona, de lo que su ser interior le dicta como bueno o como malo, sin el temor de un castigo o una reprimenda, es el actuar consciente de un ser que trasciende reglas absurdas y se comporta dignamente como un ser humano, como una persona que interactúa en un mundo diferente; podría decir que la espiritualidad masónica es una característica divergente, es lo que rompe los paradigmas de lo que nos enseñaron y abrir la mente a lo que realmente debe ser aprendido y manifestado.

No podemos convertir un templo masónico en iglesia, en culto, en mezquita, ni trasladar las diferentes religiones a este; debe existir una línea divisoria, ni siquiera un punto medio, porque para encontrar más de su religión, vaya e inscríbase al grupo de moda, a las tardes de estudio de biblia, o a lo que sea que lo haga sentirse más cercano a su creencia, pero en definitiva no traiga su religión a un templo masónico, pues todos los hermanos querrán hacer lo mismo y cada uno tiene una diferente; si bien, la masonería respeta toda creencia que potencie a los seres humanos y que tanto judíos, como cristianos, como cabalistas, como místicos pueden ser y son masones, los apellidos religiosos deben ser eliminados de las logias; están haciendo lo contrario al fin primario de la masonería y es la inclusión, pues cuantos hermanos a lo largo de la historia se han iniciado en los augustos misterios de la orden, con el propósito de encontrar humanidad, esa que en las religiones que profesaron no encontraron disponible.



No es un ataque frontal a creencias, ni religiones, ni un irrespeto a los dogmas; es una invitación a ver la espiritualidad masónica como lo que es – Simplemente masónica – sin apellidos, no como un cubo sin fondo donde todo cabe, pero nada se articula, no es un agujero negro de ideas sueltas, ni de recetas fijas, es una espiritualidad laica, que se sirve a su propósito a laicos y religiosos, a todo aquel ser espiritual.

La invitación queridos hermanos es ver más allá de los apellidos que se le han querido poner a la masonería y que a mi parecer bastante daño le han hecho, pues en mi experiencia personal, muchas logias parecen costureros de la iglesia católica, la masonería femenina es un parapeto de damas rosadas y nuestro taller parece más una reunión de cristianos que sigue un ritual masónico, sin la intención de hacer masonería.

El masón no debe aspirar al descanso, no debe sujetarse a lo visto, hablado, aprendido en logia, la espiritualidad masónica debe trascender todo aspecto limitante de nuestra cosmovisión aprendida, de las cosas que nos acostumbramos a seguir como ovejas ciegas; se debe compromiso, lucha, el reflejo de nuestros actos fuera del templo es lo que nos hace masones para que los profanos nos reconozcan como tal.

¿Qué de extraordinario tiene reconocernos entre nosotros porque venimos al taller, como quien marca tarjeta, si nuestros actos fuera de él no nos diferencian de los demás? No en la superioridad a la que aspira el ego, sino al servicio que aspira el alma.




Los fines simbólicos y la vida que no cambia ¿o sí?

Por: Johanna Carolina Bula Se nos suele convenientemente olvidar que el 31 de diciembre no es un final mágico, ni un evento tan poderoso que...